Dos casas pueden tener exactamente la misma temperatura y, sin embargo, una sentirse mucho más fría que la otra.
La humedad, las corrientes de aire, la exposición al sol y el aislamiento de paredes y ventanas influyen directamente en cómo percibimos la temperatura.
Una vivienda con ventanas que permiten el ingreso de aire frío puede resultar incómoda incluso si el termómetro marca una temperatura relativamente agradable.
También importa la superficie que nos rodea. Pisos muy fríos pueden aumentar la sensación térmica de incomodidad.
Por eso, antes de subir constantemente la calefacción, puede ser útil revisar puertas, ventanas y posibles filtraciones.
A veces el problema no está en la temperatura del ambiente, sino en la forma en que la vivienda conserva —o pierde— ese calor.

