Entrás al supermercado, mirás las cajas y rápidamente elegís una. Muchas veces ni siquiera lo pensás. Sin embargo, nuestras decisiones cotidianas están mucho más influenciadas por hábitos de lo que creemos.
La familiaridad juega un papel importante: tendemos a repetir recorridos y elecciones que anteriormente nos dieron un resultado satisfactorio. Incluso cuando sabemos que otra fila podría ser más rápida, muchas veces elegimos la que conocemos.
También influyen factores visuales. Una fila con menos carros puede parecer automáticamente mejor, aunque las personas que están adelante tengan una compra mucho más grande.
Es un pequeño ejemplo de cómo el cerebro busca simplificar decisiones repetitivas.
La próxima vez que estés frente a varias cajas, quizás puedas comprobarlo: en lugar de elegir automáticamente, detenete unos segundos y preguntate por qué elegiste esa fila.

