Existe una costumbre que aparece con frecuencia entre profesionales de distintas áreas: dedicar los primeros minutos del día a decidir qué es realmente importante antes de responder mensajes o abrir el correo electrónico.
La lógica es sencilla. Si las primeras horas de la mañana se destinan únicamente a responder lo que otros necesitan, es fácil que las tareas propias queden relegadas para más tarde.
Por eso, muchas personas prefieren identificar una o dos actividades prioritarias y avanzar sobre ellas antes de entrar en la dinámica de reuniones, llamadas y notificaciones.
No se trata de trabajar más horas, sino de aprovechar el momento del día en el que normalmente hay menos interrupciones y mayor capacidad de concentración.
Implementar este hábito no requiere herramientas especiales. Basta con dedicar unos minutos a definir qué tarea tendrá prioridad antes de que el resto de la jornada empiece a marcar el ritmo.

