La minería aparece como una oportunidad clave para el desarrollo argentino: el país podría recibir este año inversiones por más de US$ 6.000 millones concentradas en grandes proyectos de cobre y litio ubicados en provincias cordilleranas, principalmente en Argentina, con foco en San Juan, Catamarca y Salta. Se trata de capitales destinados a proyectos de escala mundial que pueden generar divisas, empleo y desarrollo federal, hoy frenados por restricciones normativas y falta de previsibilidad. La llave para destrabarlos está en dos decisiones estratégicas: el RIGI y la revisión de la Ley de Glaciares.

Las inversiones proyectadas se concentran en yacimientos de cobre y litio, minerales críticos para la transición energética global y altamente demandados por potencias industriales. Se trata de proyectos ya explorados, con factibilidad técnica comprobada, pero que permanecen demorados por trabas regulatorias, inseguridad jurídica y conflictos interpretativos sobre áreas protegidas. En ese escenario, la Argentina pierde competitividad frente a países como Chile y Perú, que lograron consolidar marcos estables para atraer capitales de largo plazo.

El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) aparece como una herramienta central para revertir ese escenario. Al ofrecer previsibilidad fiscal, reglas claras y estabilidad normativa, el régimen busca viabilizar proyectos intensivos en capital que requieren horizontes de inversión de 20 o 30 años. Para el sector minero, el RIGI no es un beneficio sectorial, sino un requisito básico para competir en el mercado global de inversiones.

En paralelo, el debate sobre la Ley de Glaciares se vuelve clave para destrabar proyectos que hoy se encuentran paralizados por interpretaciones amplias del ambiente periglaciar. Desde el sector sostienen que una actualización normativa permitiría proteger efectivamente los glaciares reales sin bloquear actividades productivas en zonas donde no existe afectación hídrica, especialmente en provincias áridas donde la minería convive con otras actividades económicas.

Así, la minería se posiciona como una llave maestra para el desarrollo argentino: no solo por el ingreso de divisas, sino por su capacidad de generar empleo calificado, infraestructura, encadenamientos productivos y desarrollo regional. Con decisiones políticas orientadas a destrabar inversiones y ordenar el marco regulatorio, 2026 puede marcar un punto de inflexión para transformar recursos geológicos en crecimiento económico real y sostenido.

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