El avance judicial contra Maduro se inscribe en una política de fuerte confrontación impulsada durante la presidencia de Donald Trump, que tuvo como eje el endurecimiento de las sanciones económicas y la presión internacional contra el chavismo. Desde Washington, el caso es presentado como parte de una estrategia integral para combatir el narcotráfico y debilitar a gobiernos acusados de sostener economías criminales.

Funcionarios estadounidenses sostienen que el juicio busca enviar un mensaje claro: ningún dirigente político está por encima de la ley cuando se trata de delitos vinculados al narcotráfico y al terrorismo. En ese marco, la causa contra Maduro es considerada emblemática y podría sentar un precedente para futuras acciones judiciales contra otros líderes señalados por prácticas similares.

El caso también reactiva tensiones diplomáticas y refuerza el aislamiento internacional de Venezuela, en un contexto donde las relaciones bilaterales con Estados Unidos permanecen prácticamente congeladas.

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