Denunció un engaño al comprar un celular, ideó una trampa y consiguió recuperar el dinero haciéndose con el aparato. Una víctima que no se quedó de brazos cruzados y logró torcer la situación a su favor.

Una mujer que intentó comprar un iPhone denunció que fue víctima de una estafa: el supuesto vendedor le ofrecía un celular, pero la transacción estaba montada con fines fraudulentos. Consciente del engaño, la compradora —decidida a no dejar la situación pasar— urdió un plan para revertir la maniobra.

Según la reconstrucción del hecho, mientras el estafador creyó tener todo bajo control, ella logró que el ladrón cayera en su propia trampa: con astucia e ingenio, consiguió arrebatarle el celular o recuperar lo que ella había pagado, dejando al estafador sin botín.

La historia llamó la atención porque, lejos de adoptar el rol tradicional de víctima, la mujer dio vuelta la situación: pasó de cliente engañada a persona que se afirmó contra la estafa, demostrando que con decisión y sagacidad puede revertirse un intento de fraude.

El caso se convirtió en un ejemplo poco común: una historia de denuncia, engaño, reacción y justicia por propia mano —o al menos una venganza simbólica. Lejos de quedarse en el reclamo pasivo, decidió actuar, planteando interrogantes sobre los mecanismos de defensa de consumidores frente a estafas en la venta de productos electrónicos.

La noticia revaloriza la necesidad de ser cauteloso en habilitar pagos adelantados, transferencias o compras de segunda mano sin las debidas garantías, y pone en relieve cómo la desconfianza y la prevención pueden ser clave al momento de adquirir productos digitales o de alto valor como un iPhone.

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