La mañana del 25 de noviembre de 2020 quedó cargada de dolor colectivo cuando se confirmó el fallecimiento de Diego Maradona. En medio de esa conmoción mundial, una frase breve, potente y emotiva —“Me dicen que Diego no resistió”— sintetizó el impacto inmediato de la noticia. La dijo el cronista platense Federico Bueno, referente de la cobertura futbolística, quien rompió el silencio en el estudio y reveló detalles inéditos sobre aquel momento que paralizó al país.

Según su relato, al mediodía de ese día, mientras se desarrollaba el programa deportivo del mediodía, se activó la alerta: un llamado informaba que Maradona había sufrido una descompensación. En medio del bullicio informativo, Federico Bueno hizo la conexión entre el auricular del estudio y los datos que llegaban de los técnicos, y disparó la frase con voz firme pero quebrada: “Me dicen que Diego no resistió”. La frase, cargada de solemnidad, arrastró consigo el peso de una pérdida irreparable.

Tras esa emisión, el periodista accedió a reconstruir el paso a paso de cómo la noticia se filtró en el estudio, cómo las cámaras pausaron y cómo el instante, aún sin muchos detalles, adquirió el carácter de hito. ¿Por qué esa frase recorrió el mundo? Porque condensó una verdad insoportable: el ídolo había partido. Pero también porque lo hizo con naturalidad periodística, sin verbos explosivos, sin sobreactuar; la sencillez de la frase la volvió emblemática.

En la conversación con Infobae, Bueno también compartió anécdotas personales: su vínculo con Maradona cuando este dirigía al Gimnasia y Esgrima La Plata, su propia emoción al ver cómo el país reaccionaba y cómo ese momento cambió el tono de la cobertura deportiva argentina. Señaló que desde ese 25 de noviembre el espacio de las noticias no volvió a ser igual: dejó de ser sólo de goles y campeonatos, y pasó a ser también de ausencias, de legados y de memoria.

La frase “Me dicen que Diego no resistió” no sólo atraviesa la crónica del día en que murió Maradona: se convirtió en parte de la narrativa colectiva. Representa el instante en que el fútbol, la televisión, la emoción y la vida real confluyeron en una misma línea de conmoción. Y sirve como recordatorio: los mitos pueden trascender, pero también dejar un vacío profundo.

En definitiva, más que una frase fue un eco: el eco de un país que dijo adiós a su ídolo en tiempo real, y que escuchó aquellas palabras como el cierre de una era.

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